Mancias

El deseo de conectar
por Eva Lara



Mancia. Sufijo -mancia sustantivado, procedente del griego "manteia" (= adivinación)


Desde el principio de los tiempos el ser humano se ha preocupado por su porvenir y ha consultado a los hados buscando la guía y el consejo de una Conciencia Superior. Sean cuales sean el signo de los tiempos y las costumbres de la época, ante una situación de reto o un futuro incierto muchas personas han buscado asistencia mística como ayuda a la hora de tomar decisiones importantes.


Los pueblos antiguos contaban con la figura del sabio (druida o hechicero, bruja o sacerdotisa) a quien la gente acudía a consultar; solo esta persona era capaz de conectar con el Pensamiento Supremo y, valiéndose de diversos métodos (oráculos o mancias), interpretar y verbalizar los mensajes del mundo suprasensible.

Durante la Edad Media eran más numerosas las personas capaces de conectar con esta Conciencia Cósmica y las mancias o sistemas de adivinación como la Quiromancia, la Cartomancia o la Astrología, llegaron a estudiarse en las universidades. Pero con la llegada de la ciencia racional estas disciplinas quedaron relegadas a un plano inferior y lo científico se fue separando cada vez más de lo esotérico e intuitivo.



Hoy día ciencia y misticismo comienzan de nuevo a acercarse y así encontramos que los avances técnicos permiten estudiar científicamente los fenómenos no visibles; la cámara Kirlian hace posible fotografiar el aura, se pueden medir los cambios de las ondas cerebrales producidos durante la meditación, se realizan experimentos con la energía humana como los efectuados con grupos de meditación para alterar el entorno, etc.

La conciencia humana ha recorrido un largo camino de evolución hasta llegar al punto presente en el que cada individuo es capaz por sí mismo de conectar con su Yo Superior para buscar guía; lejos quedan el druida y la sacerdotisa, figuras dotadas de un poder excepcional que les permitía conectar con “el otro lado”. Hoy cada individuo tiene el poder y la responsabilidad de la intuición, los mensajes y consejos provenientes de los mundos sutiles están al alcance de cualquiera de nosotros, solo necesitamos abrirnos a nuestra Conciencia Superior y un medio para canalizar su sabiduría.



Mancias: tipos y evolución

Esos medios son las mancias, formas que el ser humano ha ideado a lo largo de los siglos para interpretar los mensajes de los dioses, de los espíritus, de los seres de la Naturaleza o de nuestro propio Yo Superior, más sabio y eterno que nuestra identidad temporal y perecedera. Para ello se han utilizado diversos elementos, como la tierra, el aire, el fuego o el agua en los principios, y métodos más complejos, como el estudio de los astros, los sueños o las emisiones electromagnéticas a medida que la humanidad ha ido ampliando sus posibilidades técnicas y su conocimiento de las energías que nos rodean.



Así, las mancias más antiguas son las que hacían uso de la tierra, como la Geomancia, iniciada por los pueblos árabes y consistente en arrojar un puñado de tierra e interpretar el dibujo formado por ésta; más tarde este sistema evolucionó y cada pueblo lo transformó según su idiosincrasia, arrojando piedras (Litomancia), granos, conchas o huesos y guijarros tallados con caracteres simbólicos (como es el caso de las runas usadas por los vikingos, que consistían en veinticuatro símbolos sagrados grabados en huesos, pequeñas piezas de madera o piedras que se lanzaban al aire); la Lecanomancia sumerge gemas en el agua y la Cristalomancia usa los reflejos y vibraciones que los cristales emiten para interpretar los mensajes trascendentales.

Antiguo también es el origen de los métodos que se valen del aire (como la Ceranomancia, que observa las tempestades, o la Aeromancia, que interpreta los mensajes contenidos en la lluvia, los rayos y los ciclos lunares), o del agua, como es el caso de la Hidromancia, que observa el comportamiento del agua según distintos métodos, desde los círculos creados sobre la superficie de un estanque al arrojar tres piedras, hasta el comportamiento de una gota de aceite al caer en el agua, pasando por los colores y figuras formadas en el nacimiento de las fuentes o los giros y cursos de los ríos en su transcurrir.


El fuego ha sido desde hace siglos un elemento muy usado en la búsqueda de significados trascendentales. Las antiguas dinastías chinas, por ejemplo, solían quemar un hueso de buey y extraer mensajes a partir del humo, el ruido y las marcas dejadas en él por el fuego. Existen diversas mancias relacionadas con este elemento, como la que se basa en la observación de las llamas (Piromancia), en la forma que adoptan algunos objetos arrojados al fuego al consumirse lentamente (Calcinomancia), en el estudio de las cenizas (Teframancia), del humo (Capnomancia) o de las formas que dibuja la cera derretida de una vela (Ceromancia).



Otros sistemas se han desarrollado a partir del estudio de los movimientos de los cuerpos celestes, como la Astrología, o han utilizado el propio cuerpo humano para hallar los secretos del porvenir, como la Quiromancia (lectura de las líneas de la mano) o la Melanomancia (lectura de los lunares según su tamaño, forma, color y posición en el cuerpo). Hay métodos que interpretan el significado premonitorio de los sueños (Oniromancia) o ven el porvenir en las hojas del (Taseografía o Teomancia).


Algunos de los más conocidos han llegado hasta nuestra época y siguen practicándose con profusión en los círculos esotéricos, como la Cartomancia, especialmente el Tarot, que usa naipes para la interpretación de mensajes; la Numerología; la Radiestesia, que se vale de las emisiones magnéticas y usa una horquilla de madera o el péndulo; el I Ching, que valiéndose de tres monedas combina los trigramas básicos para formar hasta 64 hexagramas con significado propio; o la escritura automática, cuya práctica convierte al consultante en un médium o canal.

Ya nos hayamos valido de una sibila para traducir los mensajes del Oráculo o hayamos usado los elementos de la Naturaleza para ampliar nuestro conocimiento intuitivo, los seres humanos hemos buscado siempre iluminación ante la incertidumbre a lo largo y ancho de nuestra historia. Cualquiera de los instrumentos que llamamos de "adivinación" no es ni más ni menos que un método para interpretar los mensajes del mundo suprasensible y ampliar los horizontes de nuestro poder intuitivo, una herramienta para iluminar nuestro camino, una guía para seguir avanzando en nuestra evolución.





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Eva Lara es autora de las novelas de trasfondo esotérico El ídolo y El guardián del umbral. Actualmente prepara el lanzamiento de La brújula de Cristal. El oráculo de las gemas, un ensayo teórico y práctico que une su profundo conocimiento de los cristales con el apasionante universo de las mancias.